
Movimientos culturales y vecinos independientes juntan firmas para evitar que el Gobierno de la Ciudad desaloje la "Huerta Orgázmika", un espacio cultural comunitario y autogestivo. Funciona en un terreno junto a las vías del Sarmiento que, hace seis años, sólo anidaba ratas y desechos tóxicos.
En 2002, entre la calle Rojas, las vías del Ferrocarril Sarmiento y la Plaza Giordano Bruno, empezaron a soñar la Huerta Orgázmika. Tres años les llevó a veinte jóvenes limpiar el lugar, despojarlo de glifosato (herbicida que sirve para la eliminación de hierbas y arbustos) y empezar a sembrar. "Ninguno sabía nada del tratamiento de la tierra, pero por medio de la experiencia fuimos aprendiendo. Este es un espacio público porque lo convertimos en tierra de todos", enfatiza Naytal, una joven de 23 años, quien fue una de las primeras en sumarse al proyecto.
Los integrantes de la huerta están en vigilia permanente desde hace veinte días porque temen que su sueño se trunque. El 26 de mayo pasado, el jefe de Gabinete de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, estableció mediante el decreto 607 que la huerta debía dejar de funcionar en ese lugar. "A nosotros la notificación nos llegó el 3 de septiembre. Desde ese momento, estamos todos alertas por si nos quieren venir a sacar", relata Naytal.
En la Huerta Orgázmika, que trabaja en forma conjunta con el centro cultural La Sala (ubicado en Avellaneda al 600), hay más de 100 variedades de plantas que se consiguieron mediante el intercambio con otras huertas y colaboraciones de particulares. Lo cosechado, como tomates, albahaca, berro, lechuga, cañas de azúcar, entre otros, se utiliza en forma medicinal y para el consumo personal. "Hoy estuve aprendiendo y trabajando la tierra y me llevé unas plantitas. Uno colabora como puede. Lo que me encantó es que el dinero no tiene valor. Acá lo que importa es lo que uno puede hacer por y para el otro", relata sorprendido y agradecido Alejandro, quien se enteró del emprendimiento por Internet e inmediatamente concurrió a conocerla.
La inestabilidad por la que pasa hoy la huerta data de un tiempo atrás. Los intentos de desalojo comenzaron en Agosto del 2007. "Querían corrernos para hacer la continuación de la plaza Giordano Bruno que está acá al lado", enfatiza Ezequiel, de 24 años, quien dice haber encontrado en la huerta su lugar en el mundo, y haber aprendido "los valores esenciales de la vida". Para evitar perder el lugar, durante el invierno del año pasado hubo un acampe por tres meses. "Fuimos a la Dirección de Espacios Verdes para buscar una salida al problema y también a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Pero mucha bola no nos dieron, porque faltaba poco para que cambiara el Jefe de Gobierno y, según ellos, todo estaba parado", relata indignada Naytal. Ante la falta de respuestas, como alguna medida precautoria debían tomar y sentían que el desalojo era inminente, decidieron en asamblea poner rejas a la huerta para evitar el eventual paso de las máquinas municipales.
El movimiento que llevan adelante estos jóvenes tiene, además del de la producción, un objetivo más filosófico. La Huerta Orgázmika se inscribe dentro de la Permacultura, una forma de vivir y de trabajar la tierra que comenzó en los años 70 en el desierto australiano. "Es un movimiento que fomenta el conocimiento del cuerpo a través de la utilización de la naturaleza. Acá, trabajando la tierra, aprendés a reconocer por qué los seres humanos nos comportamos de cierta manera", sintetiza Naytal.
En la huerta, fiel a su función social y de integración con la comunidad, se realizan diversas actividades culturales gratuitas, como los ciclos de cine que se dan los martes por la noche, las clases de yoga, cursos sobre elaboración de bebidas, cómo utilizar las plantas medicinales, y otras prácticas autogestivas. Además, el lugar es ofrecido ante cualquier iniciativa independiente, porque, como reconocen sus integrantes, "acá todos tienen su espacio". Al menos, mientras la Ciudad no lo impida.


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