viernes, 1 de febrero de 2008

El día G


Entiendo que la mayoría de las personas suelen sacrificarse en post de un crecimiento difícil de cuantificar. A algunos les da por acumular dinero, otros por agrandar la familia y domesticar críos constantemente, conseguir un mejor puesto en la oficina o simplemente (no tan simple, en realidad) hacer cursos y acumular información en el currículum. Pero como hay esta clase de gente mediocre (que me incluye), también hay de las otras (y son peores!). Qué difícil es categorizarlos. Más contacto tengo con ellos, más los detesto. Y eso que suelo ser de aquellos que reniegan de agrupar bajo una característica común. Pero sepan disculparme, haré una excepción.
Usted que día a día se rompe el lomo trabajando y está al servicio de la comunidad, comprenda que no es algo personal. No sabría bien como definirlo. No es que sea una cuestión de Estado, ni que me haga el anarco en este momento de mi vida. Es aún más profundo. Es un afecto particular, sincero, genuino, transparente, que se transmite de generación en generación. Por las noches, antes de darle ventaja a la muerte, trato de averiguar de dónde es que proviene. Pienso, me retuerzo, pero resulta imposible. Imagino diferentes escenarios, mezclo familiares, escenas, hasta que recapacito y me doy cuenta que carecen de sentido (y qué no?). De todas formas, a pesar de los reiterados intentos infructuosos en busca de la verdad, creo haberme aproximado al shoresh... Recuerdo una vez que volvía de jugar a la pelota (hice dos golazos!) y estaba tan cansado que ni fuerza de comer tenía. Tomé el último y único vino de la Bodega (un Colón de siete mangos), y me lo bajé tan rápido como aquel primer polvo. Surtió efecto enseguida. A los 10 minutos no paraba de hablar boludeces, de perseguirme y acordarme de todos los muertos. Pero también tuve tiempo para un rapto de lucidez y encontrar el quid de la cuestión, la piedra angular, la madre de todas las madres, el hijo bobo, el "te corrimos de local" (?). O por lo menos eso es lo que creí...
De chico, mi viejo, que en paz descanse (escribo esto en el horario de la siesta), me contó una escena que le sucedió cuando promediaba los veinte y la tengo presente como si fuera hoy. La recuerdo casi tan bien como aquel gol de Gabrich de cabeza en el que empatamos 1-1 con los cuer"B"os, impresionante, se me llena la boca de goooll...en fin...
De su aburrido y monótono laburo de cuida-limpia culos de chicos, lo mandaron a que buscara unos medicamentos para prolongar la agonía de una nena diagnosticada con psicosis infantil. Para ahorrarse unos mangos se fue en bici y poder quedarse con las pocas monedas del viático, que le alcanzarían para jugarse una ficha de billar en San Bernardo. Como recién había llegado de su Pergamino natal, Capital Federal le resultaba sumamente extraña. Se acercó hacia uno de estos personajes, de gran porte, raya al medio, afeitado de media hora y preguntó:
-Disculpe buen hombre, la calle Paysandú?...
-Aguarde que me fijo... Espere un segundito, argulló el afeitado..
Mi viejo que a pesar de ser provinciano mucha paciencia no tenía, insistió:
- Y, la conoce?
- A ver, a ver...Pa-PaI...Paysandú con I latina me dijo, no?, escupió el raya al medio..
Tarea terminada. Mi viejo se dio media vuelta y escapó de aquel inepto.
Durante los quince minutos que tuvo que pedalear ( 30 cuadras más o menos) sólo pensaba en el salame de la guía, y si así son todos los porteños, o únicamente los boludos que se paran en las esquinas esperando la cometa.
no llegó a ninguna conclusión pero el interrogante seguía abierto...
A metros de Paysandú y Aranguren, donde tenía que retirar los remedios, observó gran cantidad de gente amontonada desesperada por recibir un regalo. Sólo se podía divisar algunas viejas chusmas eptagenarias muy paquetas con manos y cara de no hacer nada, y una sonrisa desdibujada tristona que pedía a gritos que les rompieran la telita. Del otro lado, un perro atado a las rejas de la pizzería, dos pibes boca abajo y entre algunos autos, bien escondidos, estaban ellos; reproducidos a imagen y semejanza del salame de la guía. Ropa bien limpita, zapatos lustrados, peinados a la gomina. Lo que se llama una imagen PERFECTA.
Se acercó más para ver que pasaba, y uno de los Perfectos marchaba en dirección contraria hacia él.
-Vení pibe, tenés que salir de testigo.., alegó Gomina.
-Te pido por favor que no me hagas eso..
- hoy por ti, mañana por mi..., insistió haciendose el amable y buena gente.
-Por vos un carajo, esgrimió mi viejo.
Por suerte Gomina era más sordo que pulcro y no lo escuchó..
Recapacitó un segundo, y para tratar de borrar sus dichos se entregó, no sin antes hacer un último intento..
-Macho ( se arriesgó a que lo fuera!), no ves que estoy con la bici. Haceme la gauchada, por qué no llamás a esos pibes que están ahí que yo estoy laburando.
-Sabés lo que pasa, esos son negros..
-y eso que tiene que ver?
-viste como son los negros..se la pasan juntando cartones, boludeando..mira estos dos giles (señala a los dos muchachos que están boca abajo esposados), se chorearon un celular y ahora se van a tener que comer un tiempito adentro...Estos pibes, así como los ves, tienen más derechos que vos y yo juntos..
Mientras Perfecto balbuceaba, mi viejo, desconcertado , ofuscado e hinchado las pelotas, se dio cuenta de la salvación...
Se hizo creyente de golpe. Buda, Ala, Adonai, Dalai Lama, Mirtha Legrand o quien mierda sea, le había tendido una mano. Se tocó el pantalón, revisó el bolsillo de la camisa y el documento brillaba por su ausencia. Recordó que lo dejó en el trabajo junto a su mochila. Se lo hizo saber inmediatamente a Gomina y éste, muy a su pesar, lo tuvo que dejar ir...Mi viejo, muy contento, retiró los remedios y partió de regreso a seguir limpiando culos
Moraleja: Más vale llevar siempre una guia T a mano, y dejarle a las viejas el chusmerío.
Atención: CUALQUIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD NO ES PURA COINCIDENCIA.