Informe sobre el estado actual de la Alfabetización en la Argentina

Si podés leer esta nota, tenés que alegrarte por no ser una de las 700 mil personas, que no sólo no pudieron acceder a la educación básica obligatoria, sino que desconocen cuál es el sentido que adquieren las letras al unirse.
En Argentina, el 2,1 por ciento de la población no puede disfrutar de la lectura de un cuento, un libro o un poema. Serias fallas en la organización de programas que demostraron su efectividad en otras naciones, no le permiten al país ubicarse por debajo de la barrera del 1 por ciento que establece la ONU.
Aunque existen diferentes concepciones que amplían la clasificación del analfabeto, todas coinciden con la definición propuesta en 1960 en Montreal, Canadá, que los considera como "aquellas personas que no saben leer ni escribir, y se encuentran en un estado de vulnerabilidad". Años más tarde, en la conferencia mundial sobre Educación Para Todos realizada en Tailandia, Argentina y otros 154 países se comprometieron a la "reducción de la tasa de analfabetismo de los adultos" y al "aumento de la adquisición por los individuos y las familias de los conocimientos, capacidades y valores necesarios para llevar una vida más plena".
A pesar del acuerdo firmado, en nuestro país recién se tomaron medidas oficiales 14 años después, (hay ONGs que trabajan desde poco tiempo antes) una vez que el INDEC hizo un censo poblacional en el 2001. En aquel momento, previo a la implementación del Plan Nacional de Alfabetización, los argentinos mayores de 15 años eran 26.021.435, de los cuales los analfabetos ascendían a 730.038, con una tasa de 2,8% . En los extremos se encontraban la Provincia de Chaco, con 6,6% y la Ciudad Autónoma de Buenos aires, con 1,38%.
Otro dato a tener en cuenta es que el 19 de diciembre de 2001, la Asamblea General proclamó el período comprendido entre el 2003 y el 2012 como el Decenio de las Naciones Unidas de la Alfabetización: "La educación para todos" (ONU, Res 56/116). La Asamblea reafirmó que "la alfabetización para todos es la esencia de la educación básica, y que la creación de entornos y sociedades alfabetizadas son fundamentales para lograr los objetivos tendientes a erradicar la pobreza, lograr la igualdad entre los géneros y lograr el desarrollo sostenible".
Durante el mandato del presidente Néstor Kirchner, una de las primeras ocasiones en que se consideró el analfabetismo fue cuando el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, dio un discurso ante la 92° Conferencia Internacional del Trabajo: "En octubre del año pasado, el Gobierno argentino firmó el documento que fija los ‘Objetivos de Desarrollo del Milenio para Argentina’, cuyos objetivos son erradicar la pobreza extrema y el hambre, poner fin al analfabetismo, promover el trabajo decente, reducir drásticamente la mortalidad infantil, alcanzar la igualdad de género y proteger el medio ambiente".
A pesar de tener un contexto favorable y de haber firmado numerosos acuerdos que otorgan subsidios, el gobierno de Néstor Kirchner mostró un interés real hacia fines del 2004 cuando intentó encolumnarse detrás de las políticas de Estado de Venezuela y Cuba, que erradicaron por completo el analfabetismo en dos años, a través de la utilización del método "Yo, sí puedo". Este es un sistema que permite aprender a través de una enseñanza que incorpora elementos audiovisuales, reforzada con la repetición diaria de la clase en el canal estatal. En Argentina, este programa de éxito comprobado en muchos países de Latinoamérica, (Haití, Bolivia y Colombia, entre otros) no funcionó. "Lo que sucedió fue que no había una política real. En Venezuela, por ejemplo, además de las constantes clases, el canal público pasaba todos los días información para que sea más intensivo", relató Agustina Eroles, coordinadora de los centros de alfabetización dependientes del movimiento piquetero aliado con el Gobierno, Barrios de Pie.
Luego del fracaso del programa "Yo Si puedo" (se aplicó en Capital Federal y duró ocho meses), el Estado generó El programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica para Jóvenes y Adultos que comenzó en septiembre del 2004, pero los centros de alfabetización se dieron de alta a partir del período 2005. Es un programa de tipo presencial, en el que se generan actividades de participación colectiva, a través de la lectura de un cuadernillo basado en ideas de Educación popular del pedagogo brasilero Paulo Freire.
El presupuesto destinado, según datos oficiales, fue de poco más de 4 millones de pesos en el 2005 y casi 6 millones y medio en el 2007. En el lugar que más decreció la inversión fue la Capital Federal en donde en un lapso de 3 años se redujo más del 50%. Dentro del presupuesto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hay un item que corresponde a "Viáticos de alfabetizadores". Corresponderían 50 pesos mensuales en conceptos de traslados, aunque es muy difícil encontrar a alguien que los haya percibido regularmente. "Di clases mucho tiempo, y sólo me pagaron dos veces. Sé que hay una guita destinada, pero no sé cuánta es. Lamentablemente tuve que dejar porque no me alcanzaba para venir al barrio, porque aparte siempre tenés que poner una plata de tu bolsillo para cosas que surgen", contó la estudiante de Historia Brenda Sabatino, quien durante más de un año fue semanalmente a la villa 21. También contó su experiencia la psicóloga Antonella Rolando, quien trabajó en la villa Zabaleta: "En casi un año y medio recibí una sola vez 50 pesos que los usamos para comprar cartulinas que nos faltaban".
En la actualidad, sólo hay estadísticas provistas por el Ministerio de Educación que considera únicamente a las personas que aprendieron bajo el plan estatal y desconocen aquellas que sí lo hicieron con otros programas pertenecientes a ONGs: En casi tres años, más de 175 mil personas aprendieron, reduciéndose la tasa de 2,8 % a 2,1%.
Todavía queda una brecha extensa que recorrer, puesto que para la Argentina se declare libre de analfabetismo, los porcentajes deben ser inferiores al 1%. Pero estas mediciones no deberían ser utópicas de alcanzar, sino que corresponden a obligaciones por parte de los mandatarios, puesto que la ley Nacional de Educación obliga al Estado a proveer "educación integral, permanente y de calidad para todos los habitantes de la Nación, sin distinción de género, garantizando la igualdad, gratuidad y equidad".


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