
Cuando percibí tu presencia supe que no nos separaríamos más. Que era verdad que el amor puede durar toda la vida. Todo un castillo construido alrededor de certezas se empezaba a derrumbar en el mismo momento en que desfilaste ante mí. Es verdad que no estábamos solos. Que había mucha gente bailando a nuestro alrededor. Pero eso a nosotros no nos importó. Después de todo, habíamos sufrido muchos desengaños como para dejar pasar esta oportunidad que el destino nos ofrecía. Estabas con tus amigas charlando, y ni siquiera eso podía empañar nuestro acercamiento. Seguro que estabas hablando de alguna frivolidad con tal de poder concentrarte en cómo se llamarían nuestros hijos. Lo primero que se me ocurrió fue agradecerte. Agradecerte por empezar a darle sentido a tantos años de espera y sufrimiento. Agradecerte porque, aunque sea a la distancia, supiste ponerme obstáculos para que en el momento en que nos fusionemos, hayamos vivido lo suficiente. Recuerdo como si fuera hoy aquella noche del 2003 en que nos conocimos. Estabas tan hermosa. Lucías espléndida entre la multitud. Te destacabas no sólo por tu prodigiosa figura, sino por esa sonrisa, digna de aquellas que aprovechan hasta el último momento. Tus pelos erizados porque recién te lo habías mojado, un bronceado inminente, el escote intimidador y una mirada inteligente, me hacían presagiar que había encontrado a la mujer perfecta. Pero eso no era todo. En ese ratito también imaginé cómo sería la primera vez que hiciéramos el amor. Nada de velas ni cena romántica, porque a vos como a mí, nos disgustaban todas esas cursilerías. Las considerábamos como forzadas y pasadas de moda. Sería algo más casero. Sin tanto preludio. Nos encontraríamos charlando de literatura, cine o política, y entre tanta conversación, las botellas de vino comenzarían a desaparecer sin que nos diéramos cuenta. Recuerdo cómo nos matábamos de la risa... Pero en algún momento teníamos que dar paso a otra etapa. Y los dos lo sabíamos... Cruzamos las miradas y encontramos el momento indicado. Por eso las palabras comenzaron a desaparecer y nuestro diálogo empezó a estar cada vez más teñido por el balbuceo, pero como la distancia entre nuestras bocas era cada vez más estrecha, nada de eso nos importó. Porque estaba todo dicho. No había nada que explicar. Nos besámos tan intensamente que aún lo recuerdo. Nuestras lenguas se entrelazaron tan apasionadamente que sentíamos que ninguno de los dos quería separarse para no dejar atrás la magnitud de aquel momento. Porque éramos concientes que después de esas largas horas en que duró ese inolvidable beso, ya no volveríamos a ser los mismos. Y en verdad no lo fue. Porque después pasó lo que siempre habíamos soñado. Fue mágico. Jamás creí que alguien pudiera volver a nacer a los 42 años. Porque todos aquellos planteos que me hacía sobre el destino de mi vida quedaron a un lado para empezar a pensar de a dos. Y todo eso vos lo lograste. En realidad lo logramos juntos....
De repente, abrí los ojos y salí del estado hipnótico en el que me encontraba. Le pedí al barman que me sirviera un tequila, tomé valor y me acerqué a hablarte. A medida que avanzaba me daba cuenta que todo lo que había fantaseado era escaso. Sabía hasta el más mínimo detalle lo que te iba a decir porque con cualquier improvisación corría grandes riesgos de quedar como un boludo. A medida que me acercaba, la música retumbaba en mis oídos y necesitaba un lugar más tranquilo donde poder hablar porque la facha no era mi fuerte. Te invité a tomar algo, pero no me escuchaste. Alcancé a oir que estabas apurada, que era tarde y que estaba tu novio mirándote. Atiné a soltar una lágrima y solo pude decirte gracias por haberme regalado los momentos más felices de mi vida. Creo que no me entendiste, diste media vuelta y te perdí entre la gente...
De repente, abrí los ojos y salí del estado hipnótico en el que me encontraba. Le pedí al barman que me sirviera un tequila, tomé valor y me acerqué a hablarte. A medida que avanzaba me daba cuenta que todo lo que había fantaseado era escaso. Sabía hasta el más mínimo detalle lo que te iba a decir porque con cualquier improvisación corría grandes riesgos de quedar como un boludo. A medida que me acercaba, la música retumbaba en mis oídos y necesitaba un lugar más tranquilo donde poder hablar porque la facha no era mi fuerte. Te invité a tomar algo, pero no me escuchaste. Alcancé a oir que estabas apurada, que era tarde y que estaba tu novio mirándote. Atiné a soltar una lágrima y solo pude decirte gracias por haberme regalado los momentos más felices de mi vida. Creo que no me entendiste, diste media vuelta y te perdí entre la gente...




